jueves, 29 de julio de 2010

UNICIDAD DE CRITERIOS PARA UNA MEJOR PASTORAL VOCACIONAL

La pastoral vocacional, igual que las otras pastorales que se desarrollan en la Congregación implica un trabajo constante y de todos los días, por eso, en ésta ocasión me dirijo a ustedes para animarlas a seguir colaborando en esta labor que se hace con el ánimo y el esfuerzo de todas.
Resulta curioso saber, que hay Congregaciones que después de diez, quince o más años no reciben vocaciones y continúan sin hacer nada. Bien vale la pena hacer un análisis sobre esta postura. Muchos y muchas se han quedado o se podría decir, nos hemos quedado a la espera de que las vocaciones llamen a la puerta del convento, pero ahora, y ya desde hace algún tiempo, las vocaciones no llegan por sí solas, hay que salir a buscarlas.

Existen dos principios que es fundamental tener en cuenta en la acción pastoral, en primer lugar, que Dios es el autor de las vocaciones, porque Él es quien llama y quien da los dones y las disposiciones necesarias a las personas para que respondan. El segundo principio, es el que las vocaciones están condicionadas al vigor y al fervor de una comunidad. Bien sabemos que Dios puede hacer milagros, pero ordinariamente no salen “uvas de un zarzal”, o en otras palabras, lo que se cosecha es lo que se siembra.

A este propósito conviene señalar algunos puntos, del discurso del santo Padre Juan Pablo II a los participantes al Congreso sobre el tema “Nuevas vocaciones para una nueva Europa”, en “ L'Osservatore Romano”. Decia:
a) La pastoral vocacional no es un elemento accesorio o secundario, con el solo fin del reclutamiento de agentes pastorales, ni un aspecto aislado o sectorial, motivado por una situación eclesial de emergencia, sino más bien una actividad unida al ser de la Iglesia y, por tanto, también íntimamente inserta en la pastoral general de cada Iglesia particular.
b) Toda vocación viene de Dios, pero termina en la Iglesia, y pasa, siempre, por su mediación. La Iglesia (ecclesia) que por innata constitución es vocacional, es al mismo tiempo generadora y educadora de vocaciones. Por consiguiente, “la pastoral vocacional tiene como sujeto activo, como protagonista, a la comunidad eclesial como tal, en sus diversas expresiones”.
c) Todos los miembros de la Iglesia, sin excluir a ninguno, tienen la gracia y la responsabilidad de fomentar las vocaciones. Es un deber que entra en el dinamismo de la Iglesia y en el proceso de su desarrollo.


Teniendo en cuenta lo dicho, otro rasgo a enfatizar, es que los resultados de la PV no se pueden medir, ni valorar por trabajos de épocas precedentes. Cada época tiene su propio cairós, es decir, su propia oportunidad de obrar y a ella tiene que responder. Una postura realista y sincera permitirá ver que no es posible hacer una PV en la Iglesia, en una diócesis, en una Congregación sin un previo plan o planeación vocacional, pero bien pensado, estructurado y comprendido, que cuente con un tiempo de medio y largo plazo para que pueda ir desarrollándose como un proceso que normalmente tendría que ir de menos a más.

Ahora, apropiándolo a nuestra Congregación, lo importante es que al decir "plan” o “planeación” todas asumamos algunos hechos concretos que están estrechamente relacionados entre sí y que construyen una pastoral más efectiva:

1) La necesidad de partir de un Proyecto Global. Por tanto no cabe una pastoral vocacional de francotiradores, donde cada una tire por su cuenta y sus capacidades.
2) Que se intente conocer lo mejor posible el contexto de las destinatarias, ya que las jóvenes se constituyen en las protagonistas de nuestra pastoral.
3) Que no descuide la actualización permanente de los contenidos vocacionales desde sus dimensiones bíblica, teológica y eclesiológica, es decir que se discierna en cada momento y situación las metodologías más apropiadas para los diferentes grupos.

Para desarrollar los pasos de una planeación se ha de comenzar por situar y analizar el contexto cultural, el espíritu de la época, en el que están inmersas nuestras jóvenes. Se sugiere moverse mucho más en el ámbito de las experiencias vitales creyentes que en el de los contenidos doctrinales puros y duros. Sabemos que el posmodernismo lleva consigo un debilitamiento del pensar, por eso se considera el hecho de utilizar las imágenes, la variedad de presentaciones, el uso de los multimedia, las expresiones vitales espontáneas, etc.

Por otro lado en el mundo actual es muy importante la realidad de los microlenguajes, especialmente en el mundo joven (microlenguaje de la música, de su vestimenta, de la improvisación muchas veces sin sentido o coherencia, su lenguaje intimista, su lenguaje de vacío, de aburrimiento y de insatisfacción.) Esta realidad nos tiene que llevar a comprender que la PV tiene que adaptar su presencia pastoral a los diferentes microlenguajes de los jóvenes, que son su manera de comunicarse y de ser y de nosotros poder comunicarnos con ellos..

Ahora bien, todo lo mencionado anteriormente sucede en un espacio concreto y en el tiempo y muchas veces es éste el recurso más escaso para las pastoralistas. Se dice entre nosotras que nos vemos afectadas por la escases del personal (hermanas) que origina el pluriempleo, ocasionando muchas veces la constricción de planes y proyectos. Sin embargo, con un calendario bien organizado, se administra este recurso escaso y se le utiliza como un talento.

Hermanas, si todas tenemos a disposición 24 horas, ¿por qué algunas hacen más y mejores cosas en menos tiempo, o en el mismo tiempo que todas tenemos a disposición? Todas somos dueñas del mismo tiempo cada día. Todas tenemos necesidades similares en cuanto al reposo y al alimento. Si algunas pueden aprovecharlas mejor, es señal de una mejor organización del tiempo, producto a su vez del gran amor a los proyectos. ¿Por qué entonces no le ponemos ese mismo amor a los proyectos de pastoral vocacional? Resulta paradójico que quien debería hacer más por Dios, hace menos…El tiempo, como un talento, no debe esconderse en la tierra, sino que debe ser puesto a disposición de los mejores medios para producir otros cinco o diez talentos.

Se trata por tanto de aprender a programar el trabajo vocacional para no perderse y aprender a ver y a usar la realidad en que nos desenvolvemos. No es que la programación se convierta en el remedio a todos los males detectados. Es un medio que, abarcando las metas, los recursos escasos y las formas de poner en práctica los proyectos, puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte de una congregación.

Como se ha subrayado a lo largo del escrito, nuestra PV también está exigiendo metodologías nuevas. Metodologías que comportan planteamientos iniciáticos (de iniciación), lenguajes simbólicos, formación en línea de proceso o itinerario, asimilación y no ruptura del contexto, implicación de todos los agentes. Y aquí, por supuesto, entra de lleno nuestra propia capacidad y actitud vocacionales. Y digo esto, porque es nuestro propio proceso vocacional el que entra en juego; nuestra propia vocación forma parte de la animación vocacional. Es muy importante la actitud para mantener mi propia vocación en un proceso vocacional paralelo al de las jóvenes de mi PV y tener bastante claro que “no soy yo la que, como experta y como la que ya llegó, va haciendo una PV, sino que mi propia vocación entra en ese mismo proceso de descubrimiento y desarrollo”. Mi vocación es toda mi vida y esa vida es la que transmito.

Sabiendo que la oración es la fuente de nuestra vida y vocación, y que es la condición más segura para hablar con Dios les propongo nuevamente, disponer como primera intención en la hora santa de los jueves, el pedir por las jóvenes que tienen inquietud vocacional. Y como segunda actividad, unirnos congregacionalmente ofreciendo uno de los misterios del Santo Rosario por el aumento de santas vocaciones, dice el mismo Jesús, que cuando dos o más están reunidos en su nombre, él está presente, así que a una sola voz, repitamos: “Señor Jesús ten misericordia de nuestra Congregación y regálanos vocaciones según tu corazón”.