jueves, 21 de enero de 2010

TODA VOCACIÓN NACE DE LA ORACIÓN


Desde que el Maestro al ver a la gente, cansada y abatida ‘como ovejas sin pastor’, dice a sus discípulos: “La mies es abundante, pero los obreros son pocos. (Mt 9, 36; Lc 10, 2), la Iglesia ha entendido estas palabras como una de las claves de su misión y de la pastoral vocacional. En tiempo de Jesús la mies era tan abundante y los obreros tan pocos como hoy; y en su plan de evangelización y, por tanto, de salvación del hombre, el único imperativo que nos deja es: “Rogad al dueño de la mies que mande obreros a su mies”; la oración, la súplica. Y nada más. Mejor, …sin la oración, todo está demás.

Ante la disminución de vocaciones, es natural nuestra preocupación, pero ésta tiene que ser evangélica y no desesperada, por eso es necesario que cuando le supliquemos al Señor de la Mies, que envíe obreros, no nos quedemos solo en el deseo de tener sucesores que nos sustituyan en determinadas tareas o trabajos pastorales, más bien que nos mueva su Reino y el deseo de su voluntad para cada una de las personas que se acercan buscando respuestas para su vida.

La oración vocacional es la que sabe mirar con sabiduría evangélica al mundo y a cada hombre en la realidad de sus necesidades de vida y de salvación. Oración que manifiesta la caridad y la compasión de Cristo para con la humanidad, que también hoy aparece como un rebaño sin pastor. Oración que manifiesta la confianza en la voz poderosa del Padre, que puede llamar y mandar a trabajar a su viña. Oración que manifiesta la esperanza viva en Dios que no permitirá jamás que falten a la Iglesia los obreros necesarios para llevar a término su misión.”[1]

Teniendo en cuenta lo dicho, es preciso entender que toda oración, no puede ser sino vocacional, la oración se vuelve el lugar natural del discernimiento, de la educación para la disponibilidad para la escucha del Dios que llama, porque cualquier vocación encuentra su origen en los espacios de una oración de invocación, paciente e insistente, ansiosa y confiada, surgida no de la pretensión de una respuesta inmediata, sino de la certeza de que esta oración va en la dirección justa, o de la esperanza de que esta invocación no puede no ser acogida y hará descubrir a su tiempo su vocación a quien invoca.

En efecto, la oración cristiana, alimentándose de la palabra de Dios, crea el espacio ideal para que cada uno pueda descubrir la verdad de su ser y la identidad del proyecto de vida personal e irrepetible que el Padre le confía. Por eso es necesario educar, especialmente a los jóvenes, para que sean fieles a la oración y meditación de la palabra de Dios. En el silencio y en la escucha podrán percibir la llamada del Señor y seguirla con prontitud y generosidad.”[2] Y “si la oración es el camino natural de la búsqueda vocacional, hoy como ayer, o mejor, como siempre, son necesarios educadores vocacionales que oren y enseñen a orar, que eduquen a la invocación.”[3]

Este tipo de oración de in-vocación no se aprende espontáneamente, sino que tiene necesidad de un largo aprendizaje; y no se aprende a solas, sino con la ayuda de quien ha aprendido a escuchar los silencios de Dios; ni cualquiera puede enseñar esta oración u oración por las vocaciones, sino únicamente quien es fiel a su propia vocación.

Vocación valorada y entendida como el proyecto de vida previsto por Dios para cada uno. Quien no es signo nada significa. Quien realiza el anuncio vocacional testimonia la propia opción o, mejor, la particular elección que Dios le ha hecho; da a conocer su camino vocacional y, por tanto, da a conocer también o deja traslucir la fatiga, la novedad, el riesgo, la sorpresa, la grandeza, el agradecimiento, el don especial de Dios; que todo esto conlleva el misterio de la vocación en que dos libertades, la de Dios que llama y la del hombre que responde.

Concluyo resaltando que la oración litúrgica y personal es uno de los itinerarios de la pastoral vocacional y lo hemos de recorrer todos para escuchar la llamada de Dios, para responderle inicialmente y para mantenernos fieles en la respuesta, siendo ese testimonio atrayente que los jóvenes buscan.

Queridas hermanas, encomendemos nuestras comunidades al Señor, para que, reunidas a ejemplo de la primera comunidad cristiana en la escucha asidua de la palabra de Dios, en la invocación del Espíritu Santo, y por la intercesión de la María Sma., seamos bendecidas por su infinita misericordia con numerosas y santas vocaciones.


H. Liliana Rivas
Animadora vocacional






Fuente: vidumusdominum.org

[1] Opúsculo sobre el itinerario de la mente hacia Dios, 7, 1.2.4.6
[2] Pastores dabo vobis, 38
[3] Nuevas vocaciones, 35