miércoles, 7 de mayo de 2008

CARTA “HACIA UNA CULTURA VOCACIONAL”

Es el titulo del proyecto de pastoral vocacional propuesto para el año 2008, con el fin de sensibilizar a cada una de las hermanas de la Congregación, y particularmente a las encargadas de la Pastoral Vocacional sobre la necesidad de una cultura vocacional, enmarcada en una línea de acción unificada y con una pastoral de conjunto en la que se hable un mismo lenguaje y que se tenga un mismo obrar y un mismo sentir, fomentando comunidades vivas que contagien y den testimonio de la vivencia gozosa de la radicalidad evangélica, inspiradas en el carisma propio de la Sagrada Familia de Nazareth y tras las huellas de la Madre María Sara Alvarado Pontón.

El título, presentado, indica adónde queremos llegar; quizá no lo consigamos en su totalidad, pero lo vamos a intentar. En este contexto surge una interrogante que me permito realizar: ¿Es la Pastoral Vocacional una actividad significativa en nuestras vidas?

Actitudes vocacionales

Partamos de que la vocación no es un apéndice, un agregado, un cargo más, otro peso más... es, por el contrario, aquella dimensión que le da sentido a nuestra vida consagrada, a nuestra misión en el mundo. La vocación es la certeza de que somos amadas, llamadas y enviadas por Dios. Cambiemos la visión de que la Pastoral Vocacional no tiene un espacio definido en el conjunto de la actividad pastoral congregacional, si no, no se lograría alcanzar el grado necesario de concientizaciòn y continuaría la apatía para ser asumida como responsabilidad de todas y como tarea permanente en la vida de las comunidades locales.

Algunos documentos de la Iglesia nos recuerdan el sentido de la pastoral vocacional: Afirma el decreto Optatam Totius en su No2: "El deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana, la cual ha de procurarlo con una vida plenamente cristiana".

La exhortación Pastores Dabo Vobis en su No34: "La dimensión vocacional es esencial y connatural en la pastoral de la Iglesia. En el mismo vocablo de Iglesia (Ecclesia) se indica su fisonomía vocacional íntima, porque es verdaderamente "convocatoria", esto es, asamblea de llamados"

El documento final del Congreso Europeo de mayo del 1997 sobre las Vocaciones al Sacerdocio y a la Vida Consagrada, recoge estas afirmaciones del Congreso: "Toda la pastoral y, en particular la juvenil, es originariamente vocacional; en otras palabras, decir vocación es tanto como decir dimensión constituyente y esencial de la misma pastoral ordinaria, porque la pastoral está desde los comienzos, por su naturaleza, orientada al discernimiento vocacional.

Esta serie de citas son el punto de apoyo y partida para mostrar la importancia trascendental que tiene para la vida de cada creyente y de nosotras consagradas, la actividad pastoral de la Iglesia, por eso, es importante tomar conciencia de este tema y crear la cultura vocacional.

Deseo, ante todo, llamar la atención hacia la urgencia de promover las que podemos llamar “actitudes vocacionales”, que originan una auténtica cultura vocacional. Estas actitudes son: la formación de las conciencias, la sensibilidad ante los temas vocacionales, la promoción y defensa de nuestra propia vocación, del carácter sagrado de la vida y vocación de nuestras hermanas, de la solidaridad y fraternidad en nuestras comunidades locales.

Si la cultura es la forma de pensar, valorar y vivir de un pueblo o grupo humano y por diversos motivos las actitudes vocacionales de que se habla no están presentes, es imposible que haya una cultura vocacional, se debe entender la vida como un don; aceptar la autorrealización proyectada desde una heterorrealización, o sea, admitir la presencia de Dios en el otro/a, para que no sea un medio, sino un fin al que me debo y entrego. Una cultura vocacional se desarrolla cuando una comunidad empieza a darse cuenta cada vez más de que la vida no es sólo una casualidad, sino un don que hemos recibido de Dios y que por su naturaleza requiere una respuesta generosa de parte de cada uno.


La razón de ser de la Pastoral Vocacional

Habría que buscarla más que en datos que cuantifiquen sus resultados, en su naturaleza propia, y en el objetivo que persigue y para el que ha sido implantada en la actividad pastoral de la Iglesia.

La "Pastoral Vocacional", es una actividad eclesial orientada básicamente a despertar, tanto en los creyentes cristianos como en todo tipo de personas, la conciencia de que el origen y el principio de su existencia y de su vida, así como de su destino definitivo, se halla, según la visión cristiana, precisamente en la vocación y, consecuentemente, a propiciar una respuesta afirmativa a la misma.

Justamente, la llamada de Dios es a cada uno de los hombres y mujeres a existir y a hacerlo de forma humanizadora en Cristo y según Cristo, orientada a la plenificación en Dios. He aquí el origen y la raíz de la vocación. Esta vocación, ésta llamada divina, inserta en el corazón del hombre, es puesta de manifiesto de múltiples maneras en la historia de la humanidad, despierta en él el sentido religioso y provoca la partida del ser humano a la búsqueda de Dios.


Nuestra Congregación en clave vocacional

Podemos deducir sin temor a exagerar que la "vocacional" es una "clave" fundamental para la existencia de cada consagrada y para la Congregación. Ser conscientes de tal clave, asumirla y aplicarla de forma explícita, contribuye a que cada comunidad viva permanentemente la tarea vocacional, no como iniciativa propia sino como misión encomendada por el Señor, encomienda que ha de ser acogida con un grado mayor de compromiso y lealtad.

Para que la Congregación, pueda ponerse en "clave vocacional" es imprescindible que el Gobierno General, las Superioras provinciales, superioras locales, animadoras vocacionales y, en general, todas las hermanas adopten una actitud receptiva y colaboradora que propicie la toma de conciencia de la propia responsabilidad, el compromiso personal para ejercerla y la apertura necesaria para permitir que los programas, las iniciativas, las convocatorias y las actividades de la Pastoral Vocacional tengan cabida en los proyectos comunitarios de las distintas comunidades.

Finalmente, hermanas, además de nuestra oración personal y comunitaria, empeñémonos para que nuestras acciones y testimonio despierten el deseo de seguir a Jesucristo en la Vida Consagrada. Somos responsables por aquellas jóvenes que el Señor coloca en nuestro camino. El asombro por el don que Dios nos ha hecho en Cristo infunde en nuestra vida un dinamismo nuevo, comprometiéndonos a ser testigos de su amor. Nos convertimos en testigos cuando, por nuestras acciones, palabras y modo de ser, aparece Otro y se comunica.

Sintámonos todas generadoras de vida: “la vida genera la vida”. Y juntas, renovemos el empeño de trabajar con fe y generosidad en el servicio de las vocaciones. Miremos para el futuro con esperanza y puedan nuestras acciones y nuestro testimonio estimular a cada vocacionada a un desarrollo armónico, a un camino de crecimiento humano, de interiorización de la fe, de comprensión del Evangelio, de vivencia eclesial, de capacidad, de empeño.

HNA. LILIANA RIVAS SOLORZANO
Animadora Vocacional